Lagun Artean nace en la primavera de 1983 como asociación civil promovida por un grupo de jóvenes y monitores de la Parroquia de la Pasión, en el barrio bilbaíno de Deusto. Dichos jóvenes querían seguir su compromiso eclesial en el área de la justicia social, luchando contra todo tipo de exclusiones.

El primer objetivo de Lagun Artean fue un centro de día de “baja exigencia”, al estilo “café y calor”, para transeúntes. Ya entonces se le dio el nombre actual, pero se le conocía cariñosamente por el “chiringuito”. Estaba abierto de 9 de la mañana a 9 de la noche atendido por turnos de al menos 3 voluntarios a la vez. Se les daba un desayuno, un café a las cuatro de la tarde y una merienda-cena. La comida la hacían normalmente en los comedores sociales.

Pero lo más importante no era la atención alimenticia, sino el contacto directo entre voluntarios y usuarios. Con ellos se jugaba a las cartas, al parchís y al ajedrez, se leían y comentaban periódicos y revistas, se veía la televisión, e incluso se pusieron películas de video que luego abrían un pequeño debate. Para la mayoría, el chiringuito fue un lugar de encuentro en el que se abrieron y expusieron sus problemas, muchos de los cuales, sobre todos gestiones administrativas de documentación y pensiones, pudieron solucionarse.

Pronto se detectaron problemas de “techo”. Al principio se resolvió concertando habitaciones con algunas pensiones de Deusto, y luego se alquiló, a nombre de la Parroquia de la Pasión, el piso de la calle Iruña nº 6, que aún seguimos teniendo.

La financiación corría a cargo de Cáritas de la Pasión, de la comunidad parroquial y de los propios pasionistas. Los voluntarios aportaban, también, pastas, tortillas y otras viandas para los cafés y cenas. Llegándose a atender una media de 40 personas día.

En 1984 se le dio una dimensión sectorial, encargándose su gestión a las Cáritas de las nueve parroquias de Deusto. El centro se trasladó a Julio Urquijo 9, inaugurándose sus instalaciones el día 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, de 1984. De 40 personas diarias se pasó a acoger a más de 100, aunque el colectivo seguía siendo básicamente alcohólicos sin familia ni recursos.

En 1988, se comienza a atender también a toxicómanos y nos ceden un primer caserío, Aize Onak, en el monte Banderas. La expansión desde entonces es imparable, los pisos y comunidades se multiplican hasta llegar a ser nueve, habiendo pasado por nuestro centro más de 2.500 residentes, la mayor parte de ellos toxicómanos.